Sexo

 

Para que la llama del deseo no se apague nunca.

En los últimos días he recibido varias correspondencias de personas de ambos sexos, preocupadas al notar que la actividad sexual con su pareja, ya no es como al principio y temen que pudiera terminar con la relación del todo. En la mayoría de los casos quienes nos hacen saber sus preocupaciones, desean salvar la relación y siguen viendo en su compañero o compañera, a la persona con quien desean seguir compartiendo su vida. No obstante, la frialdad que se ha ido apoderando de sus entornos sexuales, ponen en peligro la estabilidad de la pareja. La situación no es nada fácil, pero tampoco insoluble.

Es cuestión de valorar cada aspecto del fenómeno y no dejar que la superficialidad domine sobre la cordura y la madurez que tan delicado análisis requiere. Por supuesto que pasados los años, ya la forma en que se revela el deseo no es la misma. Al principio todo “evoluciona” más rápido, una simple mirada desata una tormenta emocional de dimensiones insospechadas, y es lógico. Son dos cuerpos desbordantes de hormonas sexuales y mentes que descubren en cada rincón, ese mágico lugar donde nacen todos los instintos. Es una etapa donde ese animal que llevamos dentro controla cada acto y se descubre, por primera vez, el olor de la carne. Entonces no hace falta nada para hacer arder la hoguera, porque siempre está encendida. Pero eso no quiere decir que el tiempo obligatoriamente extingue la llama. No.

Con los años surgen los valores de la pareja, el respeto, la admiración, ese algo especial que nos permite saber que está pensando nuestro ser amado con tan solo mirarle fijamente a los ojos. Es la etapa más difícil, pero también la más bonita, porque es cuando nos percatamos de que la decisión fue la correcta y que jamás estuvimos equivocados. Es el momento de disfrutar la vida y sus placeres, con esa persona que fue concebida exclusivamente para nosotros. El deseo no nos abandona nunca, son los mismos humanos quienes en ocasiones lo dejan tirado en un rincón, mientras luchan por mantenerse a flote dentro del torrente de preocupaciones que constituye la vida de hoy. Pero el deseo está ahí, siempre, escondido debajo de algún sentimiento.

Esperando ser liberado para invadir el alma y embrujar al espíritu. Usted y su pareja siguen siendo los mismos, simplemente se han dejado cambiar temporalmente por alguien, que se empeña en convencerlos de que algo anda mal cuando en realidad no es así. Mire a su pareja, tómele de la mano, deje que la ternura domine sus sentimientos, y recuerde que esa persona es la misma que, a lo mejor hace no tanto tiempo, le hizo tocar una estrella. Si todo lo anterior le resulta imposible, o a lo mejor hasta desconocido. Entonces no tiene por qué preocuparse. La que está a su lado no es la persona ideal. Pero no se desespere, en cualquier momento de su vida la encontrará, porque lo que sí es seguro, es que existe.